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¿Zombies?

Los zombies avanzaban lentamente, sus cuerpos estaban putrefactos, alguno de ellos tenía la mandíbula desgarrada y el olor que despedían era nauseabundo. Glombel fue el primero en atacar, descargó su martillo de guerra contra la pútrida criatura y aunque su golpe hubiese tumbado a la mayoría de criaturas de los reinos el zombie solamente gruñó y retrocedió unos pasos debido al impacto, no contento con el resultado Glombel volvió a intentar golpear a la criatura pero ésta levantó el brazo e intentó aporrear al enano, pero Glombel; ya curtido en muchas batallas, había intuido el ataque y se apartó a un lado para esquivar el golpe e inmediatamente después golpeo la mano de la criatura aplastándosela contra el suelo. El zombie retrocedió y el brazo se desprendió de la carne y quedó en el suelo debajo del impresionante martillo de guerra enano, antes de que el muerto viviente pudiese intentar atacar con lo que quedaba de su cuerpo el enano volvió a coger su pesado martillo y lo descargó contra la cabeza del no muerto. Un crujido informó al enano de que el zombie no se levantaría más, los sesos brotando de la cabeza aseguraron esto. Anem esperó a que uno de los zombies se acercara y cuando lo tuvo suficientemente cerca cargó contra él y lo empujó con el escudo, la criatura voló un par de metros y cayó encima de otros dos que se acercaban, pero justo después de recuperarse de la carga un zombie trató de agarrar a Anem y morderlo, lo único que pudo morder el zombie fue el filo del hacha que el enano descargó hábilmente sobre la nauseabunda boca del muerto. Alysan corrió hacia los zombies que permanecían en el suelo tras la maniobra de Anem y descargó un golpetazo con su cayado, la fuerza del impacto destrozó la débil columna vertebral de una de las criaturas que trató de moverse hacia la elfa, Alysan aplastó su cabeza de un pisotón y justo en ese momento un zombie la aferró con fuerza y sus dientes se acercaron peligrosamente al cuello de la druida, ésta se tiró de espaldas y colocó un pie en la entrepierna del muerto y aprovechando la velocidad de la maniobra catapultó al confundido zombie por los aires, para su desgracia cayó demasiado cerca de Glombel, que aplastó su cabeza contra el suelo con el poderoso martillo e inmediatamente después aplastaba la cadera del no muerto que se le acercaba de frente. Se escuchó un impacto seco, uno de los zombies trató de herir a Anem y sus garras se encontraron con el resistente escudo, el guerrero seccionó ambas piernas y continuó el movimiento girando sobre si mismo y remató el torso antes de que tocase el suelo. La elfa golpeó lateralmente con su bastón con tal fuerza que la cabeza del zombie salió despedida varios metros, antes de volver a ponerse en posición la elfa cayó al suelo con una criatura detrás que trataba de arrancarle el cuello, nada podría hacer la druida para evitar el ataque pero dejó de notar el peso del zombie y rodó sobre si misma inmediatamente, alcanzó a ver a la criatura siendo levantada por los dos enanos, el zombie se agitaba violentamente pero no podía soltarse del firme agarre de los hermanos, la tumbaron en el suelo y pisaron su pecho antes de tirar con fuerza y arrancarle ambos brazos, el descerebrado no muerto trató de levantarse antes de que Glombel agarrase firmemente el martillo y golpease la mandíbula del enemigo.

Tras recuperarse de la excitación del combate salieron corriendo del lugar antes de que más zombies se unieran a sus caídos compañeros.

_ Creo que ahora ya sabemos el porqué de que la ciudad esté desierta –comentó Alysan mientras corrían por una calle en dirección al centro del pueblo-.

_ Es todo muy extraño –dijo Anem-, nunca hubo ataques de este tipo de criaturas por Turmish…

_ ¡Allí! ¡Fijaos! –gritó Glombel señalando el fondo de una de las bocacalles, todos miraron y vieron como al fondo se estaba librando un combate entre unos esqueletos y unos débiles soldados armados con lanzas.

Al grito de Moradin, su dios, los enanos cargaron ferozmente con las armas en alto; los esqueletos clavaron su oxidada espada en la garganta de uno de los horrorizados guardias y se disponían a hacer lo mismo con el otro pero el martillo de Glombel llegó antes. El impacto destrozó al esqueleto, que se convirtió en una nube de polvo, pero un ataque como este dejó indefenso a Glombel y el otro esqueleto bajó su espada directamente a la cabeza del enano. Si el esqueleto tuviera algo de raciocinio  hubiese entendido que el que el enano estuviese sonriendo mientras la espada bajaba no era una buena señal, sólo lo entendió cuando el escudo de Anem bloqueó el espadazo y un hachazo le partió a la mitad el polvoriento cráneo. Alysan se unió a ellos y se agachó a comprobar el estado del soldado, la sangre inundaba el suelo, ya era tarde para él. El otro soldado había soltado la lanza y estaba temblando sentado en el suelo, los tres compañeros se acercaron con cautela.

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21 mayo, 2009 at 12:07 am 2 comentarios

Los Hermanos Rocaescudo

_ ¡Alysan, arranca! –El grito del enano retumbó en todo Faerun, la elfa; que se había parado a examinar unas huellas en el camino lo miró enojada-.

_ ¡Ya me darás las gracias cuando evite una emboscada de bandidos! –Contestó Alysan muy orgullosa de su labor-. ¿Acaso no recuerdas aquella noche?

_ ¡Bah! –dijo otro enano que iba más atrás-. Esas cositas nos amenizan el viaje, siempre es divertido clavar el hacha en un pielverde.

_ Bien dicho hermano –dijo Glombel alzando su martillo de guerra-. Estas elfas de ahora ya no son lo que eran… ¡La plaga de conjuros ha logrado cambiar hasta a los orejas picudas!

_ Lo que sería imposible es que algo pudiera cambiar el carácter de los enanos… -dijo Alysan con un guiño, Glombel y Anem echaron una carcajada y continuaron caminando-.

La luz iba apagándose a medida que caminaban, pronto caería la noche y el extraño grupo todavía caminaba con prisa pues esperaban no tener que volver a dormir al aire libre. La elfa, siempre inquieta, caminaba tanto delante como detrás, vigilaba la retaguardia, vigilaba el frente… Anem y Glombel se tomaban esto con mucho humor, pues a diferencia de Alysan ellos adoraban las “distracciones” de las pequeñas e inútiles criaturas de Toril. La noche se les echó encima y la druida buscó un buen lugar para pasar la noche, pronto estaban junto a un puñado de rocas que les servia de cobijo. Siguiendo el típico turno de guardias la noche fue pasando lentamente, cuando fue el turno de Alysan observó a los enanos que dormían plácidamente incluso sobre el duro suelo pedregoso, pero poco a poco comenzaron a inquietarse… Una luz azul comenzó a brotar de unas cicatrices que ambos tenían y a medida que la luz se intensificaba los dos enanos comenzaban a moverse inquietos… Glombel comenzó a gritar ¡Padre! ¡Padre! y Anem tensaba los músculos cada vez más… La elfa comenzó a susurrar unas palabras tranquilizadoras en élfico y los enanos se fueron calmando poco a poco… Aunque los enanos desconocían esto para Alysan era un hecho que ocurría con bastante frecuencia, aunque habían pasado casi 20 años de aquel suceso los hermanos Rocaescudo aún tenían traumas mentales, además de la llamativa cicatriz que cada uno tenía en un brazo. El sol comenzó a asomar por el horizonte y Alysan despertó a sus compañeros para continuar el viaje hacia Xorhun, una pequeña ciudad en la que pararían a descansar ya que llevaban varias semanas huyendo del cercano infraabismo del cual numerosas criaturas atacaban sus alrededores casi a diario.

La ciudad comenzó a divisarse a lo lejos y todos sintieron un gran alivio, habían sido demasiado largos los días anteriores y necesitaban un buen descanso y aunque el pueblo estaba invadido por una niebla intensa ninguno de los tres perdió el entusiasmo de haber llegado por fin allí. Pero este sentimiento se fue apagando lentamente al acercarse a las puertas de la pequeña ciudad, ya que al llegar se encontraron con todas las calles desiertas y un ambiente tétrico preocupante, buscaron la posada y al llegar la encontraron en ruinas.

_ ¿Qué demonios ocurre en este pueblucho? –preguntó Glombel enojado-.

_ Todo esto no me gusta nada –dijo Alysan claramente preocupada-. Deberíamos buscar a los que estén al mando y quizás podamos obtener alguna respuesta.

_ Creo que los que están al mando ahora son estos… -dijo lentamente Anem mientras sacaba su hacha y preparaba el escudo mientras miraba como unos seis o siete zombies comenzaban a acercarse muy despacio-

_ ¿Zombies? –Preguntó Alysan cogiendo su bastón-.

_ No tenemos tiempo para respuestas –dijo Glombel- ¡Defendeos!

18 mayo, 2009 at 3:27 pm 4 comentarios


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